El PP ante el Sáhara: Feijóo mide el coste de alejarse de Marruecos

A menos de un año de las próximas elecciones generales, el Partido Popular se enfrenta a una cuestión que podría poner a prueba su futura política exterior: qué hará con el respaldo de España al plan marroquí de autonomía para el Sáhara.

Alberto Núñez Feijóo ha evitado comprometerse con una eventual marcha atrás respecto al giro adoptado por Pedro Sánchez en 2022.

El discurso del PP apunta ahora a revisar las razones que llevaron al Gobierno socialista a modificar la posición española, pero sin anunciar una ruptura con el nuevo marco diplomático establecido con Rabat.

La prudencia no parece casual. Una eventual llegada del PP a La Moncloa situaría a Feijóo ante una realidad difícil de ignorar: Marruecos se ha convertido en un socio estratégico para España en ámbitos que van mucho más allá del Sáhara, desde la seguridad y la lucha contra la inmigración irregular hasta el comercio, la cooperación antiterrorista y la estabilidad del Mediterráneo occidental.

El precedente de Rajoy: oposición y Gobierno no siempre hablan el mismo idioma

La trayectoria de Mariano Rajoy ofrece un antecedente significativo. El dirigente popular mantuvo desde la oposición posiciones más próximas a las tesis del Frente Polisario, pero su llegada al Gobierno en 2011 modificó las prioridades.

La necesidad de preservar los intereses españoles terminó imponiéndose. Madrid y Rabat reforzaron entonces sus mecanismos de cooperación y celebraron reuniones de alto nivel, mientras el conflicto del Sáhara dejó de ocupar el centro de la relación bilateral.

Feijóo podría encontrarse ante una situación similar. Desde la oposición puede cuestionar la forma en que Sánchez tomó su decisión de 2022, pero gobernar exige valorar las consecuencias concretas de cualquier cambio.

Rabat, Argel y Washington: el verdadero dilema

La cuestión sahariana tampoco puede analizarse al margen del nuevo equilibrio geopolítico del Magreb.

Marruecos ha consolidado durante los últimos años un respaldo internacional creciente a su propuesta de autonomía, mientras Estados Unidos mantiene desde 2020 su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara.

Una hipotética reversión española, por tanto, no solo tendría consecuencias en la relación con Rabat. También podría generar fricciones con Washington y complicar la posición de España dentro de un eje atlántico en el que Marruecos desempeña un papel cada vez más relevante.

Al mismo tiempo, cualquier movimiento de Madrid debe tener en cuenta a Argelia, actor fundamental para España en el ámbito energético y uno de los principales defensores de las tesis contrarias a Marruecos.

La autonomía marroquí gana peso internacional

El contexto tampoco es el mismo que antes de 2022. La propuesta marroquí de autonomía ha ido adquiriendo una presencia creciente en el debate diplomático internacional, mientras varios países europeos y occidentales han expresado su apoyo o consideración positiva hacia el plan como vía para alcanzar una solución política.

En este escenario, una eventual vuelta española a una posición más cercana a la equidistancia tradicional no supondría simplemente recuperar la política anterior a Sánchez. Significaría hacerlo en un contexto internacional sustancialmente diferente.

Feijóo podría cambiar el discurso, pero no necesariamente el rumbo

El debate dentro del PP parece apuntar más hacia una revisión de la narrativa que hacia una ruptura con Marruecos.

Feijóo necesita conservar margen político para cuestionar la gestión de Sánchez, pero difícilmente podrá ignorar que la relación con Rabat constituye uno de los pilares de la seguridad y de los intereses estratégicos españoles en el norte de África.

El verdadero interrogante no es, por tanto, si un Gobierno del PP criticará el giro de 2022, sino hasta dónde estaría dispuesto a llegar para revertirlo.

La experiencia de Rajoy demuestra que el paso de la oposición al Gobierno puede transformar las prioridades. Y en el caso del Sáhara, cualquier decisión deberá enfrentarse a una ecuación en la que intervienen Marruecos, Argelia, Estados Unidos, la Unión Europea y los propios intereses nacionales de España.

Por ahora, Feijóo parece mantener abiertas todas las opciones. Pero cuanto más se acerquen las elecciones de 2027, mayor será la presión para concretar una posición.

Y ahí estará la verdadera prueba: si el PP llega a La Moncloa, ¿optará por revisar la política de Sánchez o terminará consolidando, con matices propios, el nuevo marco estratégico de España con Marruecos?

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