El ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita, ha trazado las líneas de la nueva etapa que se abre en el Sáhara marroquí tras la falta de renovación del mandato de la misión de Naciones Unidas (MINURSO).
A su juicio, los últimos acontecimientos obligan a revisar el marco en el que se ha gestionado el conflicto desde 1991 y a adaptar el proceso político a las transformaciones diplomáticas registradas en los últimos años.
Durante una entrevista especial emitida el sábado por el canal marroquí 2M, Bourita aclaró que la salida de la MINURSO no responde a una decisión de expulsar a sus integrantes, sino a las consecuencias de que el Consejo de Seguridad no aprobara una resolución para prorrogar su mandato antes de que expirara el 31 de octubre.
En este sentido, aseguró que Marruecos actuará con responsabilidad y coordinará con los organismos competentes de Naciones Unidas las disposiciones técnicas y logísticas necesarias para que la retirada se desarrolle de manera ordenada.
El ministro precisó que los cambios no se limitarán al plano jurídico, sino que también tendrán una dimensión visible sobre el terreno, con la desaparición progresiva de los elementos que identifican la presencia de la misión en las provincias del sur, como los vehículos y las placas de Naciones Unidas en la ciudad de El Aaiún.
Bourita considera que mantener estos símbolos, vinculados a una misión cuyo nombre incluye la referencia al referéndum, resulta cada vez menos coherente con la evolución del proceso político y con el respaldo que ha ganado la propuesta marroquí de autonomía.
Uno de los aspectos que quiso dejar claros fue que el fin del mandato de la MINURSO no supone la desaparición del alto el fuego, en vigor desde el 6 de septiembre de 1991.
Bourita sostuvo que el compromiso de Marruecos con este acuerdo tiene una base política y jurídica propia y no depende de la permanencia de los observadores internacionales.
Recordó que la función principal de la misión era vigilar el cumplimiento del alto el fuego, no constituir el fundamento de su vigencia ni garantizar por sí misma su continuidad.
A este respecto, indicó que la MINURSO cuenta con 157 efectivos, de los cuales 43 se encuentran al este del muro de seguridad y el resto al oeste, principalmente en El Aaiún.
El jefe de la diplomacia marroquí acusó al Frente Polisario de haber dejado de respetar el alto el fuego desde 2020, aunque afirmó que las acciones militares posteriores han tenido un alcance limitado. Marruecos, añadió, mantiene su compromiso con el acuerdo al margen de la presencia de la misión internacional.
Bourita defendió asimismo la necesidad de superar los parámetros que han condicionado la gestión del conflicto desde 1991 y de abandonar una dinámica vinculada exclusivamente a la renovación anual del mandato de la MINURSO.
En su opinión, el nuevo contexto exige revisar los instrumentos que han dejado de responder a la realidad política actual y establecer unas bases más acordes con la evolución del expediente.
En este nuevo escenario, reiteró que la autonomía bajo soberanía marroquí constituye la propuesta de Marruecos para alcanzar una solución política. Aludió a las consultas desarrolladas durante 2026 y a la versión actualizada y reforzada de la iniciativa, que presentó como una referencia para el debate internacional.
También vinculó esta orientación con la continuidad de la dinámica diplomática impulsada por el rey Mohamed VI, basada en ampliar el reconocimiento de la soberanía marroquí, sumar apoyos al plan de autonomía y atraer inversiones extranjeras a las provincias del sur.
En cuanto a los socios internacionales, el ministro destacó las posiciones de Francia, España y Estados Unidos, países que, según señaló, conocen las dimensiones históricas y estratégicas del conflicto y han definido una línea clara respecto a su solución.
Para Rabat, el desafío de la próxima etapa será traducir los avances diplomáticos en resultados concretos sobre el terreno.
El titular de Exteriores también se refirió a la posibilidad de retirar el expediente del Sáhara de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de Naciones Unidas.
Afirmó que, desde el punto de vista procedimental, este objetivo resulta más sencillo que sacar adelante una resolución en el Consejo de Seguridad, debido a las diferencias entre los mecanismos de votación y a la ausencia del derecho de veto en dicha comisión.
En este sentido, consideró que el respaldo de una mayoría de países a la posición marroquí ofrece a Rabat un margen de actuación distinto en la Asamblea General.
Por otra parte, Bourita cuestionó la postura de Argelia tras el comunicado de su Ministerio de Exteriores, en el que expresó su pesar por no haberse retomado la metodología del Consejo de Seguridad recogida en la resolución 2797.
El ministro señaló lo que considera una contradicción: Argelia no votó a favor de esa resolución cuando fue sometida al Consejo el año pasado, pero posteriormente lamentó que no se mantuviera el mismo enfoque.
También criticó la distancia entre algunas interpretaciones difundidas por medios argelinos sobre la posición de Washington y el contenido de la propuesta estadounidense presentada durante las deliberaciones.
Bourita concluyó que el contexto regional e internacional exige abandonar las maniobras políticas y avanzar hacia una solución realista.
Desde la perspectiva marroquí, los últimos acontecimientos no representan únicamente el cierre del mandato de una misión de Naciones Unidas, sino también una oportunidad para revisar el marco político y operativo que ha regido el expediente del Sáhara durante más de tres décadas.

