Javier Fernández Arribas
La frontera exterior de España debe ser protegida mientras que Marruecos tiene la responsabilidad de preservar el orden público evitando que mafias o agitadores usen a personas vulnerables como instrumentos de presión. Este equilibrio exige una cooperación eficaz y constante. Algunos actores intentan convertir esta frontera en un escenario de conflicto permanente, alimentando discursos de odio y enemigos irreconciliables. Una visión errónea y peligrosa, contraproducente para la convivencia pacífica y la estabilidad regional.
Muy preocupante es el impacto de las redes sociales en la percepción pública y el desarrollo de las crisis. Amplifican rápidamente mensajes sin verificación, crean falsas expectativas, promueven conductas agresivas, movilizan a miles de personas, circulan discursos de odio y enfrentamiento que destrozan la confianza. La relación entre España y Marruecos se sitúa entre las más relevantes en el Mediterráneo, especialmente en materia de seguridad, control migratorio y cooperación económica. A pesar de las tensiones ocasionales en la frontera, ambos países mantienen una red de colaboración estratégica que beneficia a millones de personas.
La gestión conjunta y el diálogo firme con respeto mutuo son las únicas vías sólidas para evitar que las fronteras se transformen en líneas de separación social o política irreconciliables. En la crisis de Ceuta hay que contemplar el contexto general frente a acusaciones apresuradas e interesadas. La experiencia nos enseña a seguir la pista de a quién beneficia lo que está pasando. Después de la gran confusión e indignación de los primeros días nos encontramos con que Bruselas investiga si Rusia lanzó una campaña de desinformación amplificando la crisis de Ceuta.
En Marruecos hay un centenar de procesados mientras se pide investigar cómo pudo ser y no se controló. Crecen las opiniones que rechazan la imagen de un Marruecos donde miles de personas pretenden huir del desempleo y la pobreza frente a un desarrollo y modernización que no llega a todos los marroquíes. En España, la manera de gobernar de Sánchez incentiva una grave y peligrosa polarización de los extremistas que utilizan un falso patriotismo.
En la región, mirar el próximo calendario en Naciones Unidas para una solución del Sáhara marroquí y valorar si alguien pretende intoxicar la imagen de Marruecos y su relación con España y Europa.
