Una oleada de falsas amenazas de bomba contra aviones comerciales ha provocado este jueves importantes alteraciones en el tráfico aéreo europeo, con desvíos de vuelos, despliegues de cazas, evacuaciones y amplios dispositivos de inspección en distintos aeropuertos.
Uno de los últimos incidentes afectó a un Airbus A320 que cubría la ruta entre Dublín y Roma y que fue desviado a la base aérea francesa de Évreux tras recibirse una alerta sobre la posible presencia de un artefacto explosivo.
Según la web de seguimiento Flightradar24, el avión de Aer Lingus realizó maniobras circulares sobre la zona antes de aterrizar.
La sucesión de avisos se había intensificado el martes, cuando al menos siete vuelos y un crucero recibieron amenazas similares en distintos puntos del continente.
Los incidentes afectaron a compañías como Ryanair, Wizz Air, LOT y Scandinavian Airlines, con conexiones relacionadas con Italia, Polonia, España y Bulgaria. Hasta ahora, las inspecciones no han permitido localizar explosivos.
En Italia, dos cazas Eurofighter escoltaron un avión de Ryanair procedente de Dublín hasta el aeropuerto romano de Fiumicino, mientras que otro aparato de la misma compañía, llegado de Lisboa, fue sometido a controles.
En Polonia, un vuelo de LOT procedente de Londres fue desviado al aeropuerto de Modlin y las operaciones en Varsovia sufrieron interrupciones durante las inspecciones. En España, se registró una revisión de un avión de Ryanair tras aterrizar en Murcia.
También hubo inspecciones en vuelos con destino a Sofía, después de que otro aparato de Wizz Air fuera desviado el lunes a Budapest bajo escolta de un caza húngaro.
Las autoridades europeas no han identificado hasta el momento a los responsables ni han confirmado que exista una conexión entre los distintos episodios.
Los especialistas contemplan varias posibilidades: una campaña coordinada para provocar perturbaciones generalizadas, la actuación de una persona o grupo que envíe avisos sucesivos o la imitación de amenazas anteriores por parte de individuos que buscan causar alarma.
Rees Jones, de la consultora de seguridad aeronáutica Osprey, considera que la ausencia de un patrón geográfico o empresarial definido podría apuntar a un intento de alterar el funcionamiento general del transporte aéreo.
Su compañero Matthew Bury tampoco descarta que una misma persona o grupo esté detrás de varios avisos.
Otra hipótesis es la utilización de estas amenazas como instrumento de guerra híbrida o sabotaje indirecto. En un contexto de creciente preocupación europea por las operaciones contra infraestructuras estratégicas, los avisos falsos pueden obligar a movilizar recursos policiales y militares, desviar aeronaves, evacuar pasajeros y paralizar instalaciones sin necesidad de ejecutar un ataque físico.
No obstante, por ahora no existen pruebas que vinculen esta oleada con un Estado u organización concreta. Las acusaciones europeas anteriores contra Rusia e Irán por actividades de carácter híbrido han sido rechazadas por ambos países.
El impacto de estos incidentes va más allá de las operaciones de seguridad: los protocolos obligatorios generan retrasos, costes adicionales, alteraciones de horarios y presión sobre los servicios aeroportuarios.
Además, la repetición de alertas puede aumentar la inquietud entre los pasajeros y afectar a la confianza en el transporte aéreo.
A fecha de 5 de noviembre, no se habían encontrado explosivos en los aviones afectados ni se había confirmado que los avisos respondieran a una operación coordinada.
