Washington instó a Etiopía y Eritrea a ejercer la máxima contención y retomar el diálogo, advirtiendo de que una escalada entre ambos países podría desencadenar un nuevo conflicto con graves consecuencias para el Cuerno de África, una región ya afectada por múltiples crisis de seguridad y humanitarias.
El portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Tommy Pigott, afirmó que un nuevo enfrentamiento entre Etiopía y Eritrea amenazaría la cooperación que Washington mantiene con ambos países en asuntos de interés común. Asimismo, pidió a los dos gobiernos respetar la soberanía y la integridad territorial de sus vecinos y volver al diálogo y la cooperación en el marco del acuerdo de paz firmado en 2018.
Pigott subrayó que una paz basada en el diálogo constituye la vía para garantizar una seguridad sostenible, el crecimiento económico y la prosperidad regional.
La situación se ha agravado con la reanudación de los combates en Tigray, en el norte de Etiopía, donde las fuerzas federales y sus aliados se enfrentan a una alianza liderada por el Frente de Liberación Popular de Tigray. Según los últimos informes, las fuerzas progubernamentales avanzan hacia Mekelle, capital regional, tras hacerse con el control de la localidad de Milazat, situada a unos 20 kilómetros de la ciudad.
Esta nueva escalada constituye la más grave desde la guerra de Tigray de 2020-2022, que provocó una profunda crisis humanitaria. La proximidad de la región a Eritrea y la implicación histórica de Asmara en el conflicto elevan además el riesgo de una extensión regional de la crisis.
Etiopía ha acusado a Eritrea, Sudán y Egipto de respaldar a sus adversarios, acusaciones que los tres países niegan.
La posibilidad de una ampliación de los combates cobró fuerza después de que se informara de explosiones en Adís Abeba atribuidas a ataques con drones. Las autoridades impusieron restricciones al vuelo de estos aparatos en la capital. Si se confirma que los ataques han alcanzado Adís Abeba, ello supondría un cambio significativo en la naturaleza y el alcance de la confrontación.
Las relaciones entre Etiopía y Eritrea están marcadas por décadas de conflicto, incluida una guerra fronteriza entre 1998 y 2000. El acuerdo de paz de 2018 permitió restablecer las relaciones, pero no resolvió completamente las cuestiones de seguridad y geopolíticas que siguen alimentando la desconfianza entre ambos países.
Uno de los principales puntos de tensión es el acceso de Etiopía al mar Rojo. Desde la independencia de Eritrea en 1993, Etiopía es un país sin litoral y considera el acceso al mar una cuestión estratégica para su seguridad y sus intereses económicos. Eritrea, por su parte, observa con preocupación las demandas etíopes ante el temor de que puedan traducirse en presiones sobre su territorio o sobre el puerto de Assab.
El temor a una escalada regional se ve reforzado por la guerra en Sudán, las tensiones en torno al Nilo y la presa del Renacimiento etíope, así como por la creciente competencia regional e internacional por el mar Rojo, sus puertos y sus rutas marítimas.
En este contexto, Washington y la Unión Africana han llamado a las partes a ejercer la máxima contención y recurrir a la diplomacia para evitar que los combates en Tigray y las tensiones entre Etiopía y Eritrea desemboquen en un conflicto regional abierto.

