María del Carmen Abascal, conocida como Maricarmen, ha fallecido a los 87 años en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, semanas después de convertirse en uno de los rostros más visibles de la lucha por el derecho a la vivienda y contra los desahucios y el encarecimiento de los alquileres en España.
Maricarmen vivió durante 71 años en la misma vivienda del distrito madrileño de Retiro. Llegó al inmueble en 1956, cuando tenía 17 años, y permaneció allí durante prácticamente toda su vida.
La vivienda también había sido el hogar de sus padres y estaba vinculada a buena parte de sus recuerdos familiares. Su lucha por conservarla se prolongó durante ocho años, después de que el inmueble cambiara de propietario.
El conflicto terminó el pasado 23 de septiembre con la ejecución del cuarto intento de desahucio. Maricarmen, que tenía problemas de movilidad y utilizaba una silla de ruedas, tuvo que abandonar la vivienda y fue trasladada en camilla por los servicios de emergencia.
Las imágenes del desalojo provocaron una fuerte reacción social y convirtieron su caso en un símbolo de las dificultades de acceso a la vivienda que afrontan numerosos ciudadanos en España.
La mujer se había negado a abandonar voluntariamente el inmueble porque consideraba que aquella vivienda formaba parte inseparable de su vida.
La propiedad había planteado elevar el alquiler hasta una cantidad que no podía asumir, frente a los alrededor de 500 euros que pagaba anteriormente. Su pensión tampoco le permitía afrontar las nuevas condiciones.
Tras el desahucio, Maricarmen fue ingresada en el Hospital Gregorio Marañón, donde permaneció debido a un cuadro de agotamiento y estrés.
Desde el hospital agradeció las muestras de apoyo recibidas durante años y dirigió un mensaje a quienes defienden el derecho a la vivienda: aunque no logró conservar su casa, afirmó que había luchado para que otras personas aprendieran a defender la suya.
Su caso desencadenó movilizaciones en Madrid y otras ciudades españolas, con concentraciones y acampadas promovidas por organizaciones de inquilinos.
Su nombre quedó ligado al lema «Todos somos Maricarmen» y contribuyó a devolver al centro del debate social los desahucios, el precio de los alquileres y el acceso a una vivienda digna.
Con su muerte desaparece una mujer que, sin buscar convertirse en referente, terminó poniendo rostro a uno de los conflictos sociales más visibles de la España actual.
Maricarmen no pudo cumplir su deseo de envejecer y morir en la vivienda en la que pasó 71 años, pero su historia permanece como símbolo de la lucha de miles de personas por conservar un hogar digno.

