El Gobierno cubano lanzó un nuevo llamado a la comunidad internacional para enfrentar la grave crisis económica y energética que atraviesa la isla, mientras crecen las tensiones políticas con Estados Unidos y se agravan las dificultades cotidianas de la población.
Durante una intervención ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, advirtió que el país se encuentra bajo una fuerte presión derivada de las restricciones impuestas por Washington, especialmente en materia energética, situación que —según afirmó— amenaza con provocar una crisis humanitaria de gran magnitud.
El canciller cubano denunció que la escasez de combustible está afectando directamente servicios esenciales y la vida diaria de millones de ciudadanos, en medio de continuos apagones eléctricos, dificultades de abastecimiento y falta de alimentos y medicamentos básicos.
Rodríguez pidió “solidaridad internacional” con Cuba y acusó a Estados Unidos de mantener una política de asfixia económica destinada a aumentar la presión interna sobre el Gobierno de La Habana.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente confrontación política entre ambos países, después de que el presidente estadounidense Donald Trump endureciera nuevamente su discurso hacia la isla y sugiriera posibles acciones contra el régimen cubano tras los recientes cambios políticos ocurridos en Venezuela.
La economía cubana atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas, agravado por la reducción del suministro energético procedente de Venezuela —histórico aliado de La Habana— y por el impacto acumulado de las sanciones económicas estadounidenses.
En paralelo, la administración norteamericana reactivó acusaciones contra el expresidente Raúl Castro relacionadas con el derribo de dos avionetas estadounidenses en 1996, una medida que aumentó la preocupación dentro de Cuba ante un eventual endurecimiento de las medidas de Washington.
Asimismo, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró recientemente que la Casa Blanca mantiene como prioridad impulsar un cambio político en la isla, declaraciones que el Gobierno cubano interpretó como una señal de continuidad en la estrategia de presión y aislamiento.
Frente a estas acusaciones, Bruno Rodríguez rechazó cualquier amenaza a la seguridad nacional estadounidense proveniente de Cuba y defendió el derecho del país a vivir “en paz y sin injerencias externas”.
