El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a situar a Groenlandia en el centro del debate geopolítico al insinuar que la isla podría quedar bajo control estadounidense antes del final de su actual mandato.
Durante una entrevista con el programa Real America’s Voice, respondió con un enigmático «apostaría por ello» cuando se le preguntó sobre esa posibilidad, reactivando las especulaciones sobre sus aspiraciones respecto al territorio autónomo danés.
Las declaraciones llegan años después de que Trump planteara por primera vez la compra de Groenlandia, una propuesta que fue rechazada de forma categórica por Dinamarca.
En esta ocasión, sus palabras vuelven a generar inquietud en Copenhague, que considera la isla parte inseparable del Reino de Dinamarca.
Mientras tanto, el presidente francés, Emmanuel Macron, descartó cualquier escenario de anexión, recordando que los principios de la OTAN excluyen acciones de ese tipo entre países aliados.
La polémica coincide con la publicación de informaciones en Dinamarca sobre supuestas gestiones realizadas por personas vinculadas al entorno de Trump para promover un mayor respaldo al independentismo groenlandés y acercar políticamente la isla a Estados Unidos.
Aunque las autoridades danesas investigan esos contactos, han precisado que no existen pruebas concluyentes de una coordinación directa con la Casa Blanca.
Groenlandia posee un enorme valor estratégico por su ubicación en el Ártico, sus recursos naturales y la presencia militar estadounidense en la base de Pituffik (antigua Base Aérea de Thule), considerada un punto clave para la defensa y la vigilancia del hemisferio norte.
Con más de dos millones de kilómetros cuadrados y una población cercana a los 56.000 habitantes, Groenlandia goza de un amplio régimen de autogobierno desde 1979, aunque continúa bajo soberanía danesa.
Su posición geográfica y la creciente competencia internacional por el Ártico mantienen a la isla como uno de los territorios más estratégicos del mundo.

