El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, afirmó este sábado que el «sionismo, basado en la ocupación, la expansión y el genocidio», representa una amenaza no solo para su persona o para el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), sino para todo el Estado turco.
Durante un acto celebrado en la provincia de Sakarya, Erdogan sostuvo que la lucha contra el sionismo responde a la defensa de la seguridad nacional y de los intereses de los 86 millones de ciudadanos turcos, subrayando la necesidad de preservar la unidad del país pese a sus diferencias políticas, religiosas e ideológicas.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente tensión entre Ankara y Tel Aviv, marcada por desacuerdos estratégicos en Siria y el Mediterráneo oriental.
Sin embargo, diversos analistas consideran que el endurecimiento del discurso también busca consolidar el apoyo del electorado islamista y nacionalista de cara a las elecciones presidenciales de 2028, para las que el AKP ya ha propuesto oficialmente la candidatura de Erdogan.
En las últimas semanas, el mandatario turco ha acusado a Israel de desestabilizar la región mediante sus operaciones militares en Siria y Líbano, advirtiendo de que dichas acciones representan una amenaza para la seguridad de Turquía.
En la misma línea, el ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, aseguró anteriormente que Israel estaría comenzando a considerar a Turquía como su próximo rival estratégico tras Irán.
La competencia entre ambos países trasciende el plano diplomático y se centra en el equilibrio de poder en Siria, donde Ankara refuerza su influencia política y militar tras la caída del régimen de Bashar al Asad, mientras Israel observa con preocupación la expansión del papel turco en su frontera norte.
A ello se suma la inquietud israelí por el fortalecimiento de la cooperación entre Turquía y Egipto, especialmente en el ámbito de la defensa, un factor que añade una nueva dimensión a la rivalidad geopolítica entre ambos países.

