Javier Fernández Arribas
Los sucesos en Ceuta son un claro ejemplo. Más allá del debate político y las interpretaciones partidistas sobre las causas, lo que realmente preocupa es la pérdida de muchas vidas humanas, un desenlace que muchos ven como evitable.
Estos eventos subrayan que áreas como la política exterior, la inmigración, la seguridad y la defensa necesitan una visión común y estable, lejos de la confrontación política.
España ha demostrado en otras ocasiones que es posible llegar a pactos importantes, como los logrados en la lucha contra el terrorismo o en pensiones.
Sin embargo, el consenso en política exterior se ha debilitado tras la guerra de Irak, y desde entonces, la relación entre los principales partidos que aspiran a gobernar, PP y PSOE, ha estado marcada por frecuentes enfrentamientos y descalificaciones, lo que dificulta crear estrategias comunes.
La gestión de la inmigración no solo depende de decisiones nacionales, sino también del marco de actuación de la Unión Europea y de la cooperación con países vecinos.
En este contexto, la relación con Marruecos se vuelve estratégica. La proximidad geográfica, los intereses compartidos y los desafíos comunes hacen necesario mantener una cooperación basada en la confianza, el respeto mutuo, la transparencia y la reciprocidad.
Los retos actuales, como la gestión de flujos migratorios, la lucha contra el terrorismo, la seguridad, el comercio, la energía, la logística, el turismo y la organización del Mundial de Fútbol de 2030, requieren una actuación coordinada entre las principales fuerzas políticas.
Además, la creciente inestabilidad en la región del Sahel representa una amenaza que necesita respuestas conjuntas y una política exterior consistente en el tiempo.
En este escenario, la postura española sobre el Sáhara Occidental, que favorece el plan de autonomía bajo soberanía marroquí, debe abordarse mediante el diálogo y el consenso institucional, evitando que un tema de interés estratégico se vea afectado por la confrontación partidista.
La cooperación entre el Gobierno, la oposición y el Parlamento es esencial para asegurar una política exterior estable y creíble.
En definitiva, las políticas de Estado solo pueden fortalecerse mediante acuerdos duraderos que prioricen el interés general sobre las diferencias ideológicas.
Alcanzar consensos en temas estratégicos refuerza la estabilidad del país, mejora su capacidad de respuesta ante los desafíos internacionales y ayuda a proteger los intereses de España y de sus ciudadanos.

