Durante su visita a Barcelona, el papa León XIV lanzó claras críticas a las políticas europeas en materia de inmigración, al considerar que la gestión actual se caracteriza por la lentitud y la falta de coordinación conjunta.
En un discurso pronunciado en el barrio del Raval, subrayó que la cuestión migratoria no puede abordarse mediante discursos de miedo ni a través de trabas burocráticas, insistiendo en la necesidad de adoptar un enfoque humanitario que sitúe la dignidad del migrante en el centro de las políticas.
El Pontífice hizo un llamamiento a un reparto de responsabilidades entre los países de la Unión Europea, advirtiendo del riesgo de que ciudades del sur, como Barcelona, asuman en solitario la carga de la acogida sin un respaldo suficiente de las instituciones europeas.
Asimismo, propuso una serie de medidas, entre ellas la apertura de corredores humanitarios seguros y la simplificación de los procesos de regularización, con el fin de facilitar la integración legal de los migrantes en el mercado laboral.
Estas posiciones se enmarcan en una orientación más amplia de la Iglesia católica que busca influir en el debate europeo sobre las políticas de fronteras y migración, en un contexto de creciente presión sobre los países del sur.

