El gasoducto Nigeria-Marruecos, una apuesta para redefinir el papel energético de África occidental

África occidental aspira a convertir sus recursos gasísticos en una palanca de integración económica y desarrollo industrial. En esa perspectiva se inscribe el gasoducto Nigeria-Marruecos, una infraestructura de unos 25.000 millones de dólares que pretende conectar los principales recursos de gas de la región con el territorio marroquí y abrir una vía de suministro hacia Europa. Su importancia no reside únicamente en la posibilidad de transportar millones de metros cúbicos de gas, sino en la oportunidad de construir un espacio energético compartido entre países que afrontan importantes déficits de abastecimiento y necesitan nuevas condiciones para desarrollar sus economías.

La iniciativa, impulsada por el rey Mohammed VI y el expresidente nigeriano Muhammadu Buhari, ha ido adquiriendo una dimensión política y regional que supera el marco inicial de las relaciones entre Marruecos y Nigeria. El respaldo de los países de África occidental constituye una de las principales novedades de su evolución. El 19 de julio de 2026, los Estados miembros de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) suscribieron en Freetown, Sierra Leona, un acuerdo intergubernamental que establece las bases jurídicas para la cooperación en torno al proyecto. Con ello, la iniciativa dio un paso hacia una estructura regional que requiere compromisos institucionales y coordinación entre los gobiernos participantes.

El avance volvió a cobrar protagonismo el pasado 3 de noviembre, cuando Bashir Bayo Ojulari, director general de la compañía petrolera nacional nigeriana (NNPC), anunció en Abu Dabi que los Estados vinculados al proyecto habían firmado los instrumentos necesarios para continuar su desarrollo. La declaración se produjo durante la feria internacional de energía ADIPEC, aunque no aclaró si ya se había completado la incorporación formal de Marruecos y Mauritania. Esta última fase contempla una ceremonia específica en el Reino, con la presencia del presidente nigeriano, Bola Ahmed Tinubu, según la estructura anunciada previamente por la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas (ONHYM).

La dimensión geográfica de la obra da una idea de la complejidad de su ejecución. El trazado previsto alcanza aproximadamente los 6.900 kilómetros y atravesará trece países de la fachada atlántica africana. Su capacidad podría llegar a los 30.000 millones de metros cúbicos anuales, con ramificaciones destinadas a extender el suministro a países del Sahel que carecen de salida al mar. Marruecos podría recibir hasta 15.000 millones de metros cúbicos, mientras que la conexión con el gasoducto Magreb-Europa permitiría proyectar parte de esos recursos hacia los mercados europeos.

Pero el alcance económico de la infraestructura dependerá también de lo que ocurra en los países que atraviese. La disponibilidad de gas puede mejorar las condiciones de producción eléctrica, reducir los costes energéticos de las empresas y favorecer la instalación de nuevas actividades industriales. Entre los sectores que podrían beneficiarse figuran la industria química, la fabricación de fertilizantes, la minería y la transformación de materias primas, así como la producción de materiales de construcción. Para economías que todavía encuentran dificultades para garantizar un suministro eléctrico suficiente, disponer de una fuente energética más estable puede representar una ventaja para atraer inversiones y ampliar su capacidad productiva.

Esta perspectiva introduce una cuestión central: que los recursos africanos no se destinen exclusivamente a la exportación, sino que contribuyan también a desarrollar industrias y generar valor añadido en los propios países productores y de tránsito. El gasoducto plantea, por tanto, una oportunidad para vincular la cooperación energética con objetivos más amplios de industrialización e integración regional. Su impacto real dependerá, no obstante, de la capacidad de los Estados para convertir la infraestructura en una herramienta de desarrollo y no limitar sus beneficios al transporte del recurso.

En ese escenario, Marruecos aspira a desempeñar una función de conexión entre África occidental y Europa. La futura sociedad encargada de gestionar el proyecto tendrá su sede en Casablanca, una decisión que sitúa a la ciudad en el centro de la coordinación empresarial y financiera de la iniciativa. Esta entidad deberá organizar la participación de los inversores y acompañar la ejecución de una obra que exige una cooperación prolongada entre gobiernos, instituciones financieras y operadores energéticos. Abuya, por su parte, será la sede de la autoridad superior de gobernanza, responsable de la coordinación institucional entre los países participantes.

La organización de estos mecanismos será determinante para pasar de los acuerdos políticos a la ejecución. Amina Benkhadra, directora general de la ONHYM, ha señalado la estructuración financiera y la puesta en marcha de los órganos de gestión entre las próximas prioridades. Los estudios de viabilidad, los trabajos de ingeniería de detalle, las investigaciones sobre el trazado y los análisis medioambientales forman parte de la preparación técnica ya desarrollada. El reto inmediato consiste ahora en movilizar el capital necesario y alcanzar las decisiones de inversión que permitan iniciar las obras.

Las previsiones apuntan a un desarrollo por etapas. Según las estimaciones difundidas por Reuters, los primeros flujos de gas procedentes de los tramos iniciales podrían llegar alrededor de 2031. La magnitud de la inversión y el número de países implicados hacen que el calendario dependa de la financiación, de la coordinación institucional y de la capacidad de ejecutar los distintos segmentos de la infraestructura.

Nigeria aporta a esta iniciativa una dimensión adicional por sus objetivos de expansión de la producción energética. Durante su intervención en ADIPEC, Ojulari anunció que la producción petrolera del país había aumentado en 600.000 barriles diarios, hasta situarse en torno a 1,8 millones, frente a los 1,2 millones anteriores. El objetivo de Abuya es alcanzar los dos millones de barriles diarios en 2027. En el sector gasístico, la NNPC prevé elevar la producción hasta los 10.000 millones de pies cúbicos diarios en 2027 y los 12.000 millones en 2030. Estas metas responden a la estrategia nigeriana de recuperar capacidad productiva, atraer inversiones internacionales y ampliar el abastecimiento interno y las exportaciones.

Para Marruecos, la eventual puesta en funcionamiento del gasoducto supondría una nueva fuente de suministro y una oportunidad para reforzar su seguridad energética. También podría contribuir a crear condiciones más favorables para el desarrollo de su industria y consolidar su posición como plataforma logística y energética entre el Atlántico africano y Europa. La conexión con el gasoducto Magreb-Europa añadiría una dimensión continental a esa estrategia, al situar al Reino en una ruta de abastecimiento con proyección hacia los mercados europeos.

El proyecto cuenta actualmente con el respaldo del presidente nigeriano Bola Ahmed Tinubu y con una arquitectura de cooperación regional que no existía en sus primeras etapas. Sin embargo, su verdadera dimensión se medirá por su capacidad para superar los desafíos financieros y técnicos, garantizar la coordinación entre los países participantes y traducir el potencial energético en beneficios económicos concretos. Más que una infraestructura destinada a transportar gas, el gasoducto Nigeria-Marruecos representa una prueba de hasta dónde puede llegar la cooperación africana cuando los recursos compartidos se articulan en torno a una estrategia de integración y desarrollo.

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