Sahar Ouafqa
Desde hace años se repite una idea que ha terminado por convertirse en un lugar común: el español vive un momento de expansión en Marruecos. Se afirma que las relaciones entre ambos países son cada vez más estrechas, que el interés por la lengua española aumenta y que las oportunidades profesionales vinculadas al hispanismo se multiplican. Sin embargo, una observación atenta de la realidad educativa invita a cuestionar seriamente este diagnóstico.
La situación del español en el sistema educativo marroquí atraviesa un momento especialmente delicado. En numerosos centros de enseñanza secundaria y bachillerato, la presencia de esta lengua ha experimentado un retroceso progresivo desde el 2010. La reducción de grupos, la disminución de las horas lectivas y la pérdida de espacios frente a otras lenguas extranjeras constituyen una realidad constatada por numerosos docentes y especialistas del sector.
La preocupación ha alcanzado incluso el ámbito parlamentario. Recientemente, se ha dirigido una pregunta al Ministro de Educación sobre la situación crítica de la enseñanza del español en los institutos marroquíes, reflejando así una inquietud que ya no se limita al ámbito académico, sino que empieza a adquirir dimensión pública e institucional.
A ello se suma otra cuestión especialmente significativa: la defensa del derecho de los profesores de español a disponer de grupos y carga docente suficientes para ejercer su labor en condiciones normales. Mientras las necesidades de otras especialidades lingüísticas continúan siendo atendidas, numerosos docentes de español observan con preocupación cómo su disciplina pierde progresivamente terreno dentro de la planificación educativa.La situación resulta aún más inquietante si se analiza el ámbito universitario. Para el curso académico 2026-2027 no se ha anunciado ninguna plaza de Profesor Asistente (PA) en Estudios Hispánicos en las universidades marroquíes. Este dato constituye un indicador difícilmente compatible con la imagen de crecimiento y fortalecimiento que con frecuencia acompaña a los discursos institucionales sobre el español.
Las lenguas no se consolidan únicamente mediante declaraciones de apoyo o mediante el reconocimiento simbólico de su importancia cultural. Su vitalidad depende, ante todo, de políticas educativas concretas, de inversiones sostenidas, de oportunidades de formación y de perspectivas profesionales para las nuevas generaciones de estudiantes y docentes.El español sigue siendo una lengua de indudable relevancia histórica, cultural y estratégica para Marruecos.Precisamente por ello, la situación actual exige una reflexión seria y un debate abierto sobre su futuro. Ignorar las señales de alarma o sustituir el análisis por el optimismo retórico solo contribuirá a profundizar un problema que ya comienza a manifestarse con claridad en las aulas y en las instituciones académicas del país.
