La convocatoria de elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre ha abierto en España una carrera electoral marcada desde el primer momento por la tensión política, pero también por la recuperación de asuntos relacionados con la política exterior.
Apenas unas horas después del anuncio de Pedro Sánchez, el líder de Vox, Santiago Abascal, convirtió a Marruecos en uno de los primeros argumentos de su ofensiva contra el presidente del Gobierno, al calificarlo de «candidato marroquí en España» durante una entrevista en el programa Espejo Público de Antena 3.
La acusación no se limitó a cuestionar una determinada decisión diplomática, sino que buscó presentar la relación de Sánchez con Rabat como una cuestión de lealtad política y de defensa de los intereses españoles.
Abascal vinculó además su crítica con la gestión de Ceuta y acusó al jefe del Ejecutivo de no haber mantenido una posición suficientemente firme frente a Marruecos. La intervención del líder de Vox anticipa así uno de los posibles ejes de la campaña: utilizar las relaciones con el país vecino para marcar diferencias dentro del bloque de la derecha y disputar al Partido Popular el discurso más duro en materia de fronteras, inmigración, seguridad y soberanía.
El movimiento resulta significativo porque se produce en un momento en el que la agenda española está dominada principalmente por problemas internos.
La vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales, mientras persisten dificultades relacionadas con el empleo, los servicios públicos y el coste de vida.
A ello se suman los efectos de los incendios y las inundaciones, las incidencias en la red ferroviaria y las controversias políticas vinculadas a presuntos casos de corrupción.
En este contexto, la decisión de Vox de colocar a Marruecos entre sus primeros argumentos electorales refleja la utilidad que el partido atribuye a las cuestiones relacionadas con el vecino del sur para movilizar a su electorado.
La estrategia también puede ejercer presión sobre el Partido Popular, que deberá definir hasta qué punto endurece su discurso sobre Rabat para competir con Vox sin comprometer los intereses de una relación bilateral que abarca ámbitos mucho más amplios que los conflictos políticos.
Marruecos y España mantienen una intensa cooperación en materia de comercio, inversiones, seguridad, lucha contra la inmigración irregular, combate contra las redes criminales y coordinación policial.
La estabilidad de esta relación tiene además una dimensión económica y estratégica que trasciende los ciclos electorales.
Sin embargo, durante las campañas, cuestiones como Ceuta, Melilla, la inmigración o el control fronterizo adquieren una elevada capacidad de movilización política y pueden ser utilizadas para construir mensajes simples alrededor de asuntos mucho más complejos.
El caso de Ceuta ocupa un lugar especialmente sensible en este terreno. Para Vox, la ciudad autónoma constituye uno de los escenarios desde los que cuestionar la política del Gobierno hacia Rabat y reclamar una respuesta más contundente.
La referencia constante a la frontera permite además conectar la política exterior con uno de los temas centrales del discurso del partido: la inmigración. De esta manera, Marruecos deja de aparecer únicamente como un socio diplomático y económico para convertirse también en un recurso retórico dentro de la competición electoral española.
La utilización del país vecino como elemento de confrontación no es nueva, pero su aparición tan temprana en la campaña puede anticipar una intensificación del discurso durante las próximas semanas.
La cuestión será determinar hasta qué punto este enfoque consigue desplazar otros asuntos que afectan directamente a los ciudadanos.
La vivienda, en particular, se ha situado en el centro de la crisis política que precedió a la convocatoria electoral. El rechazo parlamentario a determinadas medidas del Gobierno relacionadas con este ámbito evidenció las dificultades de Sánchez para mantener apoyos suficientes y sacar adelante su agenda legislativa.
El problema, además, tiene una dimensión social difícil de ignorar: los elevados precios de compra y alquiler afectan especialmente a los jóvenes y a los hogares con ingresos medios y bajos.
Frente a esta realidad, el debate electoral tendrá que responder a cuestiones concretas sobre la oferta de vivienda, el empleo, los servicios públicos y la capacidad de las administraciones para afrontar emergencias y mejorar infraestructuras.
En ese escenario, el recurso a Marruecos puede resultar políticamente rentable porque permite condensar diferentes preocupaciones —fronteras, inmigración, seguridad y soberanía— en un mismo mensaje.
Para Vox, también ofrece la posibilidad de diferenciarse del PP y presentarse como la fuerza más exigente con Rabat.
El riesgo, sin embargo, es que una campaña centrada excesivamente en la confrontación exterior termine relegando el debate sobre las soluciones que cada partido propone para los problemas internos.
La relación hispano-marroquí constituye un asunto legítimo de debate político, especialmente en cuestiones como la gestión fronteriza, la cooperación migratoria o los intereses estratégicos de ambos países.
Pero convertirla en una prueba permanente de patriotismo o lealtad política puede reducir una relación compleja a una lógica de enfrentamiento.
Las próximas semanas permitirán comprobar si el episodio protagonizado por Abascal representa únicamente el inicio de una campaña de presión sobre Sánchez o si Marruecos terminará ocupando un espacio relevante en la batalla electoral.
La respuesta dependerá, en buena medida, de la capacidad de los partidos para imponer sus prioridades y de la reacción de los electores ante una campaña en la que la política exterior puede volver a utilizarse como herramienta de movilización.
Por ahora, el mensaje de Vox ha dejado claro que Rabat estará entre los asuntos que el partido intentará colocar en el centro de la confrontación electoral, aunque el resultado de las urnas dependerá también de cuestiones mucho más próximas a la vida cotidiana de los españoles.

