Los islandeses acudirán este sábado a las urnas para decidir si el país debe reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, en un contexto marcado por importantes cambios económicos y geopolíticos.
El referéndum no plantea una decisión definitiva sobre la entrada en la UE, sino que pregunta a los ciudadanos si respaldan la reanudación de las negociaciones con Bruselas.
En caso de obtenerse un resultado favorable, cualquier acuerdo alcanzado posteriormente sería sometido a una nueva consulta sobre la adhesión.
Islandia solicitó su ingreso en la UE en 2009, tras la grave crisis financiera que sufrió el año anterior. Las negociaciones comenzaron en 2010, pero quedaron suspendidas tres años después, tras la llegada al poder de un Gobierno contrario a continuar con el proceso europeo.
La consulta se celebra ahora en un escenario económico diferente, marcado por la inflación y unos elevados costes de financiación.
El tipo de interés de referencia ha alcanzado el 8 %, lo que ha reavivado el debate sobre una eventual adopción del euro, especialmente entre los hogares endeudados.
Las cuestiones de seguridad también han cobrado mayor importancia tras la guerra de Ucrania y el aumento de las tensiones en el Atlántico Norte y el Ártico.
Islandia carece de ejército propio y basa su defensa principalmente en su pertenencia a la OTAN y en un acuerdo bilateral con Estados Unidos.
El principal obstáculo para cualquier negociación con Bruselas sigue siendo la pesca, un sector estratégico para la economía islandesa, ya que los productos pesqueros representan alrededor del 40 % de las exportaciones de bienes del país.
Para la Unión Europea, Islandia representa, por su parte, un socio estable y próspero que ya está estrechamente integrado en el mercado único a través del Espacio Económico Europeo.
La eventual reanudación de las negociaciones tendría, por tanto, implicaciones económicas, políticas y estratégicas que van más allá de una simple ampliación del bloque comunitario.

