Entrevista exclusiva: Ceuta y Melilla vuelven al primer plano.. ¿se encamina el expediente hacia una nueva etapa?

Las recientes oleadas migratorias y los intentos de entrada hacia Ceuta y Melilla han devuelto la cuestión de ambas ciudades al centro de las relaciones marroquí-españolas, en un contexto marcado además por las reiteradas declaraciones del ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, quien ha vuelto a subrayar que la cuestión de Ceuta y Melilla no constituye un expediente cerrado para Marruecos.

Los últimos acontecimientos no se han limitado al ámbito político. También han despertado el interés de círculos de seguridad y defensa españoles, en un momento en el que antiguos generales españoles han prestado especial atención al libro del escritor e investigador especializado en asuntos españoles, Nabil Driouch, una obra publicada en español y objeto de análisis en determinados círculos especializados, entre ellos la Escuela Diplomática de España.

¿Estamos simplemente ante una tensión coyuntural vinculada a la inmigración, o la cuestión de Ceuta y Melilla se encamina realmente hacia un nuevo protagonismo en la agenda marroquí-española?

En este contexto, Anbaa Express mantiene una entrevista exclusiva con el escritor e investigador Nabil Driouch, para analizar los entresijos de este expediente y explorar sus posibles escenarios a la luz de los últimos acontecimientos en las relaciones entre Rabat y Madrid.

Antes de comenzar la entrevista, presentamos brevemente a Nabil Driouch: periodista, escritor e investigador académico especializado en política e historia de España y en las relaciones marroquí-españolas.

Es doctor en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos por la Universidad Hassan II de Casablanca, máster en Cine Documental por la Universidad Abdelmalek Essaâdi de Tetuán y licenciado en Periodismo por el Instituto Superior de Información y Comunicación de Rabat.

Es autor de diversas obras y trabajos de investigación, entre ellos España ahora.. Transformaciones del escenario político español (2008-2023), El vecindario cauteloso: las relaciones marroquí-españolas… y Diarios ibéricos: diario de un periodista marroquí en España.

También es autor del libro de relatos Pequeñas epopeyas, publicado por las Ediciones de la Unión de Escritores de Marruecos y galardonado con el Premio de la Unión para Jóvenes Escritores en 2008, así como de Fronteras de cristal, traducción de textos del escritor español Juan Goytisolo, publicado en 2007.

Entrevista

1. Señor Nabil Driouch, en primer lugar, ¿fue la llegada masiva de migrantes a Ceuta la chispa que volvió a colocar la cuestión de las dos ciudades en primer plano, o el expediente ya se encaminaba hacia una nueva etapa?

En primer lugar, quiero expresar mi agradecimiento a Anbaa Express, y a usted, señor Othmane, por esta invitación.

No cabe duda de que la cuestión de Ceuta, Melilla y las islas mediterráneas constituyen uno de los expedientes más sensibles y complejos de las relaciones hispano- marroquíes desde hace siglos.

Para Marruecos, las potencias coloniales fragmentaron territorialmente el país con el objetivo de debilitarlo, precisamente porque conocían la fuerza y la profundidad de su historia.

Por ello, la recuperación del territorio marroquí ha tenido que desarrollarse progresivamente. España se benefició de esta situación durante décadas, mientras que el pensamiento estratégico español mantuvo la idea de que una solución a la cuestión del Sáhara marroquí aceleraría el regreso de la cuestión de Ceuta y Melilla al primer plano.

Esta ha sido, en mi opinión, una de las razones por las que España buscó durante décadas evitar un respaldo claro a una solución definitiva y una de las claves de su apoyo a las tesis separatistas.

La persistencia de esta percepción entre sectores españoles, especialmente en la derecha, llevó a interpretar el problema migratorio bajo el prisma de que se estaba materializando precisamente ese escenario que tanto preocupa a España.

Por supuesto, la maquinaria política y mediática reaccionó con enorme rapidez. Desde los primeros momentos, prácticamente todo el mundo en España comenzó a repetir una misma narrativa.

Hubo, eso sí, cierta resistencia por parte de algunos ministros socialistas, como el ministro de Justicia Félix Bolaños.

No cabe duda de que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, atraviesa una de sus etapas políticas más difíciles.

La derecha y determinados sectores del llamado Estado profundo buscan apartarlo del poder a cualquier precio, y la crisis de Ceuta llegó en un momento especialmente favorable para la derecha y la extrema derecha, que pretenden utilizar esta cuestión como un golpe definitivo en el intenso conflicto político que se vive en España.

Por otro lado, esta cuestión siempre ha permanecido presente para Marruecos, aunque en determinados momentos haya quedado relegada por la prioridad otorgada a otros expedientes.

Es algo natural dentro del contexto que acabo de explicar. Del mismo modo, el paso del tiempo constituye uno de los factores que pueden contribuir a la solución de esta cuestión. Este derecho no desaparece.

Personalmente, he defendido los derechos históricos de Marruecos como periodista e investigador durante mi participación en un documental sobre el islote de Perejil, emitido el año pasado por el canal español Movistar+, en el que participaron el expresidente del Gobierno español José María Aznar y altos rangos del Estado español.

Expresé abiertamente mi convicción personal de que Marruecos nunca renunciará a sus reivindicaciones territoriales históricas sobre Ceuta y Melilla.

Les dije entonces: «La historia está llena de mentiras; debemos mirar a la geografía, porque ella es la única que dice la verdad».

Por supuesto, Aznar y todos los participantes en aquel trabajo escucharon estas palabras. El mensaje era claro y expresaba una convicción ampliamente compartida entre los marroquíes.

Como he señalado anteriormente, la realidad con la que Marruecos se encontró tras la independencia le obligó a avanzar gradualmente en sus reivindicaciones territoriales y a adoptar cierto pragmatismo político en la cuestión de Ceuta y Melilla.

Marruecos optó por mantener abierto el expediente y apostar por el factor tiempo, al tiempo que estableció una serie de reglas no escritas que obligaban a España a no sobrepasar determinados límites.

Hemos observado en numerosas ocasiones que cada transgresión de esas reglas terminaba provocando crisis políticas y diplomáticas entre ambos países.

Por supuesto, los españoles interpretan la cuestión de manera similar. La crisis del islote de Perejil se produjo precisamente porque la derecha española consideró que Marruecos había quebrantado esas reglas al izar la bandera marroquí sobre el peñón. Ese fue, en aquel momento, el núcleo de la disputa entre ambos países.

Por tanto, el expediente ha vuelto al primer plano, sin duda. Sin embargo, su resolución definitiva requiere tiempo, inteligencia, pragmatismo político y una visión estratégica de largo alcance.

Creo que lo ocurrido puede tener aspectos positivos a medio y largo plazo. Lo que nos falta en Marruecos es desarrollar un pensamiento estratégico sobre esta cuestión.

Prácticamente no hemos producido una reflexión propia suficiente al respecto y nuestro pensamiento político sigue estando muy condicionado por lo desarrollado históricamente por el Partido Istiqlal sobre esta cuestión.

Se trata de una base nacional importante, pero es necesario desarrollarla hacia un pensamiento estratégico más amplio.

2. ¿Cómo interpreta las declaraciones de Abdellatif Ouahbi sobre Ceuta y Melilla? ¿Reflejan una posición política coyuntural o constituyen un mensaje calculado de Marruecos hacia Madrid?

Siguiendo el esquema que he planteado en mi primera respuesta, considero que las declaraciones del ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, se enmarcan en la lógica de responder a la reafirmación española de su soberanía sobre ambas ciudades.

Una vez que la cuestión pasó de ser presentada como un problema migratorio a convertirse en una cuestión de soberanía, las reglas diplomáticas exigían una respuesta marroquí y un recordatorio de sus reivindicaciones históricas sobre ambas ciudades.

En mi opinión, el hecho de que esta vez haya sido el ministro de Justicia, y no el ministro de Asuntos Exteriores, quien haya intervenido públicamente resulta comprensible.

El objetivo es evitar una crisis diplomática entre ambos países, porque una escalada de este tipo serviría a los intereses de la derecha española y de los sectores hostiles a Marruecos que buscan perjudicar sus relaciones exteriores.

La transformación de un problema político en una crisis diplomática perjudicaría todos los avances alcanzados en las relaciones entre ambos países durante los últimos años.

No debemos olvidar que las relaciones entre Marruecos y España tienen hoy un carácter estratégico y que la Declaración Conjunta del 7 de abril de 2022 estableció la voluntad de resolver los problemas mediante los canales del diálogo político.

Esta crisis constituye, sin duda, una de las pruebas más difíciles para los principios de aquel acuerdo histórico, concebido para construir unas relaciones resistentes a los terremotos.

Y esta vez el terremoto ha sido fuerte e inesperado. Sin embargo, el edificio sigue en pie, y eso es positivo.

3. ¿Considera que España ha comenzado a percibir la cuestión de Ceuta y Melilla como un desafío estratégico y no simplemente como una cuestión fronteriza vinculada a la inmigración?

Esta cuestión se planteó con fuerza en España después del fallecimiento del general Franco.

El propio Franco consideraba ambas ciudades como parte de su historia personal, mientras que la institución militar española las ha considerado durante décadas parte de su propia historia y una cuestión de honor militar.

Durante la transición democrática, esta cuestión volvió a aparecer en el debate público.

Algunas voces comenzaron a considerarla como un vestigio del colonialismo español en el norte de África. Una de las más destacadas fue la del dirigente comunista Santiago Carrillo.

Incluso el rey Juan Carlos tenía, en determinados momentos, la convicción de que esta cuestión debía resolverse.

Sin embargo, la institución militar y los sectores heredados del Estado profundo franquista lograron convertir el expediente en una cuestión de Estado en España e impedir que los partidos políticos expresaran posiciones diferentes.

Esto es algo que podemos observar claramente en la actual crisis de Ceuta.

Dentro del pensamiento estratégico de la defensa española existe el concepto del «riesgo procedente del sur».

Después de la entrada de España en la Unión Europea y en la OTAN, y especialmente tras la Marcha Verde, se consolidó una concepción defensiva según la cual Marruecos era el único país con el que España podría llegar a entrar en guerra como consecuencia de disputas territoriales.

Los generales españoles trabajaron durante mucho tiempo en diferentes escenarios de un eventual conflicto de este tipo y, en la actualidad, han evolucionado hacia una concepción de la llamada guerra híbrida.

Esto fue precisamente lo que apareció de repente en el centro del debate durante la crisis: la guerra híbrida se convirtió en el eje alrededor del cual giraron numerosos análisis.

Todo lo que se dice o escribe en Marruecos sobre Ceuta y Melilla es analizado con lupa en España, desde diferentes perspectivas, y situado dentro del ámbito de la seguridad nacional.

Por ello, es necesario comprender las consecuencias de la actual crisis de Ceuta y analizarlas dentro de este contexto, porque la visión española del problema difiere de la visión marroquí, a pesar de que estamos hablando de la misma cuestión.

4. ¿Qué significado tiene la participación de generales españoles retirados y expertos militares en el análisis de su libro y en la comprensión de su visión sobre las relaciones marroquí-españolas? ¿Qué buscan concretamente en el libro?

La publicación en Madrid, en 2021, de la edición española de mi libro La vecindad cauteloso despertó el interés de investigadores especializados en cuestiones de defensa en España, así como de algunos sectores del Ejército español y de políticos españoles.

Creo que en España no estaban acostumbrados a encontrar este tipo de interés marroquí por estas cuestiones ni a que fueran abordadas dentro de un contexto estratégico diferente al producido tradicionalmente por el movimiento nacional.

Hasta el punto de que la primera edición del libro se encuentra actualmente agotada.

La producción intelectual marroquí sobre estos asuntos es todavía escasa y existe una necesidad evidente en España de conocer el pensamiento de los investigadores marroquíes y de una parte de sus élites políticas sobre esta cuestión.

De ahí surgió el interés por el libro. Se trata de una propuesta nueva, con un enfoque diferente y que expresa las ideas de una nueva generación de investigadores marroquíes.

Por ello, considero que hoy se ha convertido en una referencia en España. Esto lo he podido comprobar incluso en investigaciones universitarias y tesis académicas sobre Marruecos, donde el libro comienza a ser citado como referencia.

Aun así, necesitamos decenas de obras de este tipo para alcanzar cierto equilibrio en la producción académica.

Por supuesto, los periodistas españoles también han desempeñado un papel importante en la acumulación de conocimiento sobre la cuestión de Ceuta y Melilla.

Puedo mencionar aquí a Domingo del Pino y Javier Valenzuela, además de diplomáticos españoles como Máximo Cajal y académicos como Ana Planet e Irene Fernández Molina.

5. ¿Se han convertido Ceuta y Melilla en una herramienta de presión mutua entre Rabat y Madrid, o los intereses de seguridad y económicos entre ambos países impiden llegar a una confrontación política abierta?

Los esfuerzos de Marruecos y del actual Gobierno socialista para impedir que la crisis política se transforme en una crisis diplomática abierta demuestran que ambos países conceden mayor peso a la dimensión estratégica de sus relaciones que a las diferencias coyunturales.

Los intereses económicos, de seguridad y estratégicos son hoy demasiado importantes como para que cualquiera de las dos partes pueda ignorarlos fácilmente.

Si no fuera por las tensiones alimentadas por la derecha, la crisis probablemente habría podido superarse después de que cada parte reafirmara sus posiciones conocidas sobre la soberanía.

Los problemas, las diferencias y las crisis coyunturales forman parte de la naturaleza de las relaciones entre Rabat y Madrid.

El desarrollo de las relaciones bilaterales no significa que desaparezcan los expedientes de conflicto.

Incluso los ámbitos de cooperación, especialmente en materia migratoria, pueden transformarse en ocasiones en fuentes de discrepancia.

Esto se ha convertido en algo habitual en las relaciones entre ambos países. El verdadero desafío consiste en saber cómo absorber estos golpes sin poner en peligro la estructura general de la relación.

Por supuesto, las crisis dejan cicatrices y elevan el nivel de hostilidad histórica hacia Marruecos dentro de la opinión pública española. Este es un problema que España tendrá que resolver en el futuro.

La dimensión estratégica de las relaciones con Marruecos obliga a España a respetar a este socio y a evitar perjudicar gratuitamente su imagen por objetivos políticos o electorales coyunturales.

Lo que es estratégico no debería quedar sometido a lo que es táctico.

6. En su opinión, ¿puede Madrid mantener durante mucho tiempo su rechazo a cualquier debate sobre el futuro de ambas ciudades, teniendo en cuenta que Marruecos mantiene su posición histórica?

Creo que llegará un momento en el que España comprenderá que mantener estas colonias perjudica su imagen como Estado democrático.

También perjudica los propios valores de la Unión Europea, detrás de los cuales España se refugia cada vez que la cuestión de Ceuta y Melilla vuelve al primer plano.

España debe poner fin a la aplicación de una doble vara de medir.

España se siente incómoda con la presencia británica en Gibraltar y considera que se trata de un territorio colonizado por otro Estado porque el Reino Unido mantiene una posición dentro de lo que considera su territorio.

Sin embargo, utiliza herramientas analíticas diferentes cuando aborda la cuestión de Ceuta y Melilla.

Esta contradicción política no puede mantenerse durante siglos.

No se puede derribar las fronteras de seguridad entre España y Gibraltar en la orilla norte del Estrecho y, apenas dos semanas después, levantar barreras y alambradas en la orilla sur del mismo Estrecho.

Estamos ante dos lógicas diferentes para abordar una misma cuestión.

7. Finalmente, ¿estamos ante el comienzo de un largo proceso de negociación sobre Ceuta y Melilla, o la próxima etapa seguirá centrada en gestionar la tensión sin acercarse al fondo de la cuestión?

La cuestión de Ceuta y Melilla es el resultado de varios siglos de historia. Es una cuestión compleja y no puede resolverse con la facilidad que algunos podrían imaginar.

La cuestión existe y no puede negarse. Una prueba de ello es que los políticos españoles recurrieron rápidamente a términos como «invasión» y «violación de la soberanía» en cuanto se produjo la crisis.

Esto constituye, implícitamente, un reconocimiento de que existe un problema relacionado con la soberanía entre ambos países.

El vocabulario habría sido diferente si esas mismas cantidades de personas hubieran llegado a las costas de Algeciras en lugar de a Ceuta.

La gestión de las tensiones forma parte de las relaciones bilaterales y es algo natural.

Ambos países cuentan con suficiente experiencia y con mecanismos adecuados para gestionar este tipo de situaciones.

Esto no significa que el expediente esté cerrado al debate entre ambos países. El momento y el contexto son siempre factores decisivos para abordar cuestiones de esta naturaleza.

La lógica de Estado exige que existan las condiciones adecuadas, que se elija el momento oportuno y que se busquen soluciones inteligentes e innovadoras.

No hay nada de malo en aprovechar, en este sentido, la experiencia británico-española en la gestión de la cuestión de Gibraltar.

España debe anteponer una lógica de buena vecindad a las antiguas tendencias chovinistas, desprenderse de los vestigios de su pasado colonial y superar sus complejos históricos respecto a su vecino del sur.

Ese es un paso imprescindible para construir un futuro común en el Estrecho de Gibraltar.


Nabil Driouch y La vecindad cautelosa: las relaciones hispano-marroquíes..

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