Informe estratégico — Centro Anbaa Express de Estudios e Investigación
Por Othmane Bentaleb, presidente del Centro Anbaa Express de Estudios e Investigación
La reciente crisis migratoria en Ceuta ha vuelto a situar la ciudad en el centro de la relación entre Marruecos y España, demostrando que cualquier episodio de presión migratoria puede adquirir rápidamente una dimensión política, de seguridad e incluso geoestratégica.
La magnitud de los acontecimientos trasladó el debate desde la frontera hacia las instituciones españolas y europeas, al tiempo que reabrió cuestiones relacionadas con la preparación de los organismos de seguridad, la soberanía, la gestión migratoria y la utilización política de la crisis.
Sin embargo, las informaciones disponibles no han aportado pruebas concluyentes de que Marruecos planificara la entrada masiva de migrantes. Esta distinción resulta esencial para separar las advertencias previas de los servicios de inteligencia, la respuesta de las autoridades españolas y cualquier eventual responsabilidad en la organización de los acontecimientos.
Ceuta, mucho más que una cuestión migratoria
La crisis demostró que Ceuta constituye un punto de convergencia de varios expedientes: migración, seguridad, soberanía, política interna española y relación entre Marruecos y la Unión Europea.
La llegada masiva de personas convirtió rápidamente una cuestión fronteriza en un asunto de debate nacional, con repercusiones sobre el Gobierno de Pedro Sánchez y fuertes críticas procedentes de la oposición conservadora y de la derecha radical.
En este contexto, Ceuta aparece cada vez más como un espacio donde las dinámicas locales pueden desencadenar consecuencias nacionales y europeas.
Las advertencias de inteligencia y la respuesta institucional
La desclasificación de determinados documentos relacionados con las advertencias previas a la crisis abrió un debate sobre la capacidad de las instituciones españolas para anticipar y gestionar una situación de estas características.
El propio Gobierno reconoció deficiencias en la preparación, aunque descartó que existieran pruebas que permitieran afirmar que Marruecos hubiera organizado la operación.
Desde una perspectiva analítica, conviene mantener separadas tres cuestiones: qué información tenían previamente los servicios de seguridad, cómo reaccionaron las autoridades y cuál fue realmente el papel de Marruecos.
Confundir estos tres niveles puede conducir a conclusiones que no están respaldadas por las evidencias disponibles.
Marruecos: cooperación y reivindicación de soberanía
La crisis también volvió a poner sobre la mesa la posición histórica de Marruecos respecto a Ceuta y Melilla.
Las declaraciones de algunos responsables marroquíes recordaron que la cuestión de la soberanía continúa formando parte del discurso político de Rabat, mientras Madrid mantiene su posición sobre ambas ciudades.
No obstante, la reivindicación territorial no implica necesariamente una estrategia de confrontación inmediata. La experiencia de los últimos años demuestra que Marruecos y España pueden mantener diferencias importantes y, al mismo tiempo, desarrollar una cooperación intensa en ámbitos considerados estratégicos.
La cuestión, por tanto, parece orientarse más hacia una gestión gradual y de largo plazo que hacia una confrontación abierta.
Para España, Ceuta forma parte de la seguridad nacional
Desde la perspectiva española, Ceuta no es simplemente un enclave fronterizo.
Su ubicación geográfica, su condición de frontera exterior de la Unión Europea y su proximidad al territorio marroquí explican la importancia que Madrid concede a la ciudad desde el punto de vista de la seguridad.
La crisis también reforzó el debate sobre las denominadas amenazas híbridas, un concepto que engloba fenómenos como la presión migratoria, la desinformación, las campañas digitales y otras formas de presión sobre las fronteras.
Este enfoque podría adquirir mayor peso en la planificación española de futuras crisis.
Redes sociales y batalla por el relato
Las redes sociales desempeñaron un papel relevante tanto en la difusión de llamamientos relacionados con los desplazamientos hacia Ceuta como en la propagación de diferentes interpretaciones de los acontecimientos.
El episodio evidenció, además, hasta qué punto una crisis fronteriza puede transformarse en una batalla por el relato, especialmente cuando coincide con una fuerte polarización política.
Las acusaciones sobre posibles campañas de desinformación deben distinguirse, sin embargo, de la existencia de pruebas que demuestren una planificación estatal de la crisis.
En el plano político español, la inmigración volvió a convertirse en un instrumento de confrontación entre el Gobierno y la oposición, especialmente en el ámbito de la derecha y la extrema derecha.
El factor militar y el ejercicio «Atlante 26»
Las maniobras aéreas españolas «Atlante 26», previstas entre el 13 y el 18 de septiembre, se desarrollan en un contexto regional especialmente sensible.
Los ejercicios incluyen la participación de cazas F-18 y Eurofighter y diferentes escenarios de entrenamiento relacionados con el combate aéreo y la respuesta frente a drones.
No existen elementos que permitan afirmar que estas maniobras estén dirigidas contra Marruecos o vinculadas directamente con la crisis de Ceuta.
Su localización, en el entorno del golfo de Cádiz y del estrecho de Gibraltar, sí pone de relieve, no obstante, la importancia estratégica de este espacio para ambos países.
Más que interpretar el ejercicio como un mensaje militar dirigido a Rabat, conviene situarlo dentro de una dinámica más amplia de reforzamiento de las capacidades de seguridad españolas en un entorno geopolítico cada vez más complejo.
Una asociación estratégica sometida a presión
Pese a las tensiones, la relación entre Marruecos y España no parece encaminada hacia una ruptura.
Ambos países mantienen intereses comunes en materia de seguridad, lucha contra el terrorismo, migración, comercio, inversión y cooperación regional. A ello se suma la dimensión vinculada a la organización del Mundial de 2030.
La hoja de ruta adoptada en abril de 2022 continúa siendo un elemento relevante para gestionar las diferencias y preservar los canales de diálogo.
La principal dificultad consiste en impedir que episodios puntuales, especialmente aquellos relacionados con la migración o con la política interna española, terminen afectando al conjunto de la relación bilateral.
Ceuta y la dimensión europea
La crisis también confirmó que Ceuta no puede analizarse exclusivamente desde una perspectiva bilateral.
Como frontera exterior de la Unión Europea, cualquier episodio migratorio de gran magnitud afecta directamente a la política europea de fronteras, asilo y seguridad.
Es previsible que España continúe reclamando una mayor implicación europea en la gestión de la frontera, tanto en términos financieros como operativos y migratorios.
Para Marruecos, este proceso merece una atención especial, dado que una mayor participación europea puede modificar progresivamente el marco de gestión de las fronteras de Ceuta.
Cuatro escenarios para los próximos meses
1. Contención de la crisis — Probabilidad alta
Marruecos y España mantendrían abiertos los canales políticos y de seguridad, evitando que las diferencias deriven en una crisis bilateral de mayor alcance.
2. Tensión política prolongada — Probabilidad alta
Ceuta y Melilla seguirían presentes en el debate político español y en el discurso relacionado con la soberanía, sin desembocar necesariamente en una confrontación diplomática generalizada.
3. Reaparición de episodios migratorios — Probabilidad media
Las condiciones sociales, políticas y de seguridad, junto con la actividad de las redes de tráfico de personas y la movilización digital, podrían favorecer nuevos episodios de presión migratoria.
4. Mayor europeización del expediente — Probabilidad media
La Unión Europea podría asumir progresivamente un papel más importante en la financiación, protección y gestión de las fronteras de Ceuta.
Una negociación directa sobre el futuro de la soberanía de Ceuta y Melilla, sin embargo, parece poco probable a corto plazo.
Consideraciones estratégicas
La crisis deja varias conclusiones relevantes.
Primero, la cuestión de Ceuta y Melilla continúa abierta y puede volver a ocupar un lugar central en la agenda bilateral.
Segundo, la migración ha dejado de ser exclusivamente una cuestión humanitaria o fronteriza para convertirse también en un asunto de seguridad nacional, política interna y comunicación estratégica.
Tercero, preservar la asociación entre Marruecos y España sigue siendo de interés para ambas partes pese a las diferencias existentes.
Cuarto, Marruecos necesita reforzar la producción de conocimiento estratégico sobre Ceuta y Melilla, integrando las dimensiones histórica, jurídica, económica, política, europea y de seguridad.
Y, finalmente, cualquier estrategia sobre esta cuestión requiere una perspectiva de largo plazo. Las disputas históricas no se resuelven mediante declaraciones coyunturales, sino mediante una combinación de diplomacia, conocimiento, capacidad negociadora, intereses compartidos y elección adecuada del momento.
Conclusión
La crisis de Ceuta ha demostrado que una cuestión migratoria puede transformarse en pocas horas en un problema de seguridad, soberanía, política interna y confrontación informativa.
Marruecos mantiene su posición histórica sobre Ceuta y Melilla, mientras España sostiene su propia concepción de la soberanía sobre ambas ciudades. Al mismo tiempo, los dos países son conscientes del elevado coste que tendría una confrontación abierta.
Por ello, el escenario más probable a corto plazo no parece ser el de una solución definitiva al conflicto de fondo, sino el de una gestión controlada de las diferencias mientras se preserva la cooperación estratégica.
La verdadera prueba para Rabat y Madrid será evitar que una crisis coyuntural termine convirtiéndose en una crisis estructural.
La cuestión que queda abierta es si Ceuta continuará siendo únicamente un foco recurrente de tensión o si, a largo plazo, la acumulación de crisis y transformaciones regionales obligará a ambos países a replantear el marco de su relación con respecto a las dos ciudades.
El resultado dependerá de la evolución del equilibrio de poder, del contexto regional, de la política interna española y, especialmente, de la capacidad de Marruecos y España para gestionar sus diferencias con una visión estratégica y de largo alcance.
Othmane BENTALEB
Presidente del Centro Anbaa Express de Estudios e Investigación

