El Banco Mundial ha advertido que la economía mundial podría desacelerarse hasta el 2,5% este año, el nivel más bajo desde la pandemia de la COVID-19, debido al impacto de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, el aumento de la inflación y el encarecimiento del crédito.
En su informe semestral de perspectivas económicas, la institución recortó sus previsiones para cerca de dos tercios de los países, situando el crecimiento global previsto para 2025 en torno al 2,7%, según recoge The Guardian.
El organismo prevé además un repunte de la inflación mundial hasta el 4% en 2026, frente al 3,3% de 2025, impulsado por el alza de la energía y las materias primas. También anticipa un aumento de hasta el 38% en los precios de los fertilizantes, debido a las disrupciones en el suministro.
El informe advierte de que los países en desarrollo, excluyendo a China e India, podrían enfrentarse a una década de bajo crecimiento sin convergencia con las economías avanzadas, lo que podría convertir los años veinte en una “década perdida”.
Ante este escenario, el Banco Mundial anunció la movilización de hasta 100.000 millones de dólares en los próximos 15 meses para apoyar a los países más afectados.
La institución también alertó de que una escalada del conflicto o una ruptura del frágil alto el fuego podría reducir el crecimiento global hasta el 1,3%.
Pese al panorama adverso, el organismo destacó como factores de impulso la expansión del comercio regional, la transición energética y el avance de la inteligencia artificial, aunque advirtió que sus beneficios siguen concentrados en los países ricos.
El informe subraya además el creciente problema de la deuda en los países en desarrollo, que ha pasado del 40% del PIB en 2010 a cerca del 70% actualmente, limitando su capacidad de inversión y respuesta a las crisis.

