El diario español El País dedicó este sábado 19 de septiembre su editorial a la posición internacional de Marruecos, bajo un título tan directo como significativo: «La fuerza de Marruecos». El texto sitúa el creciente peso de Rabat en el contexto de la crisis de Ceuta y del próximo debate sobre el Sáhara Occidental en Naciones Unidas.
Según el editorial, Marruecos está aprovechando la actual coyuntura para ampliar su margen de maniobra diplomático. El acuerdo anunciado con Estados Unidos e Israel para reforzar la cooperación trilateral, junto con el intercambio de embajadores entre Rabat y Tel Aviv, son presentados como señales de una política exterior orientada a reforzar las alianzas estratégicas del país.
El periódico recuerda que el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020 marcó un punto de inflexión en las relaciones entre Rabat y Washington. También destaca la evolución de la cooperación marroquí con Estados Unidos e Israel, especialmente en ámbitos estratégicos y de defensa.
Pero la principal lectura del editorial va más allá de las relaciones bilaterales. El País interpreta los últimos movimientos de Rabat como una señal dirigida también a Europa, en un momento marcado por las declaraciones de instituciones comunitarias sobre Ceuta y por la creciente tensión en torno a la gestión de la crisis migratoria.
Desde esta perspectiva, la cuestión de Ceuta deja de aparecer únicamente como un contencioso entre España y Marruecos. El editorial la presenta como parte de una disputa más amplia en la que intervienen las alianzas internacionales, la posición europea y la evolución del equilibrio de poder en el norte de África.
Hay además un elemento temporal relevante. El debate sobre el Sáhara Occidental previsto para octubre en Naciones Unidas añade una dimensión internacional a los movimientos diplomáticos de Rabat. En este escenario, la relación con Washington y Tel Aviv constituye, según la lectura de El País, uno de los principales instrumentos con los que Marruecos busca reforzar su posición exterior.
La relevancia del editorial reside, por tanto, no solo en el reconocimiento del peso creciente de Marruecos, sino en el cambio de escala con el que aborda la cuestión de Ceuta. La ciudad deja de ser presentada exclusivamente desde la perspectiva migratoria o fronteriza para ser situada dentro de una transformación más amplia de las alianzas y de las relaciones de poder en el Mediterráneo occidental y el norte de África.
En este sentido, el mensaje central de El País es claro: independientemente de las discrepancias que persisten entre Madrid y Rabat, la evolución de las alianzas internacionales de Marruecos obliga a analizar su posición desde una perspectiva geopolítica más amplia. La crisis de Ceuta, según esta lectura, ya no puede entenderse únicamente como un episodio bilateral, sino como una cuestión conectada con la reconfiguración del escenario internacional.
