La creciente presión financiera sobre el Ejército israelí empieza a tener consecuencias directas sobre su capacidad operativa.
Un informe de la radiotelevisión pública israelí Kan advierte de una importante escasez de repuestos, que habría obligado a dejar fuera de servicio a varios batallones de carros de combate, mientras cientos de vehículos Hummer dañados durante los combates en Líbano continúan sin ser reparados.
La situación se produce en un contexto marcado por el retraso en la transferencia de fondos adicionales destinados al presupuesto de Defensa y por el elevado coste acumulado de las operaciones militares desarrolladas en distintos escenarios, especialmente en Líbano e Irán.
Según la información difundida por Kan, el problema va más allá de un simple retraso presupuestario y comienza a afectar a áreas esenciales como el mantenimiento, la logística y las cadenas de suministro.
La falta de componentes ha reducido la disponibilidad de determinados carros de combate, mientras que la demora en la reparación de los vehículos dañados en Líbano limita los medios disponibles para transportar tropas hacia las zonas de operaciones.
La magnitud de las dificultades financieras queda reflejada también en las obligaciones pendientes con la industria militar.
De acuerdo con una fuente castrense citada por el medio israelí, las deudas del Ejército con las empresas de defensa superan los 15.000 millones de séqueles.
Paralelamente, el presupuesto de Defensa para 2026 ha experimentado un fuerte incremento como consecuencia de los costes derivados de las operaciones militares prolongadas.
La falta de financiación amenaza también la producción de munición
Uno de los aspectos más preocupantes es que las dificultades económicas estarían empezando a repercutir en la fabricación de munición.
La institución de seguridad israelí habría advertido del riesgo de que Elbit Systems tenga que detener en los próximos días la producción de proyectiles destinados a los carros Merkava.
El escenario también contempla posibles interrupciones en las líneas de fabricación de proyectiles de artillería en octubre y de morteros en noviembre si no se resuelve el problema de financiación.
La situación pone de relieve una cuestión fundamental para cualquier ejército inmerso en un conflicto prolongado: disponer de un amplio arsenal no garantiza por sí mismo la capacidad de mantener las operaciones.
La continuidad de la guerra depende igualmente de la disponibilidad de repuestos, munición, mantenimiento, reparación de equipos y capacidad industrial para reponer las pérdidas.
Por ello, las dificultades presupuestarias no tienen necesariamente que traducirse de inmediato en una reducción de la potencia de fuego israelí, pero sí pueden afectar progresivamente a su sostenibilidad operativa.
Cuanto más se prolongan los combates, mayor es el desgaste de vehículos y sistemas de armas y más recursos se necesitan para mantenerlos en condiciones de combate.
La salida temporal de varios batallones de carros de combate por falta de repuestos constituye, en este sentido, una señal especialmente significativa, ya que muestra cómo un problema financiero puede terminar repercutiendo directamente en la disponibilidad de unidades sobre el terreno.
A ello se suma la permanencia fuera de servicio de cientos de Hummer dañados en Líbano, una situación que reduce la capacidad de transporte y movilidad de las unidades desplegadas y obliga a compensar la falta de vehículos disponibles mediante los medios que permanecen operativos.
La presión aumenta por la multiplicación de los frentes
El Ejército israelí afronta además una elevada carga operativa debido a la multiplicación de los escenarios de conflicto y a la necesidad de mantener capacidades militares en diferentes frentes.
A las operaciones en Gaza, Cisjordania y Líbano se suma la necesidad de conservar recursos suficientes para responder ante posibles amenazas procedentes de Irán, Yemen o Irak.
Esta situación incrementa el gasto asociado al entrenamiento, mantenimiento, inteligencia, logística y reposición de los arsenales, dificultando el mantenimiento de los niveles de disponibilidad alcanzados antes del actual ciclo de conflictos.
La presión tampoco se limitaría al material militar. El informe de Kan apunta asimismo a dificultades dentro del sistema de inteligencia relacionadas con la capacidad de almacenamiento digital, hasta el punto de que se habría recurrido a eliminar determinados contenidos para liberar espacio destinado a nuevos archivos.
El conjunto de estos elementos dibuja un escenario en el que el principal desafío para el Ejército israelí no reside únicamente en el volumen de armas disponibles, sino en su capacidad para mantenerlas operativas durante una guerra prolongada.
La acumulación de deudas, los retrasos presupuestarios, la escasez de repuestos y las dificultades en la producción de munición podrían reducir progresivamente el margen de maniobra de las Fuerzas Armadas israelíes si las operaciones continúan extendiéndose en el tiempo.
En última instancia, la crisis financiera introduce una presión adicional sobre la capacidad de Israel para sostener simultáneamente operaciones intensivas en varios frentes, ya que mantener una elevada disponibilidad militar exige un flujo constante de recursos para reparar, reponer y mantener en condiciones de combate una maquinaria militar sometida a un desgaste prolongado.

